Los Cuentos del Conejo Owens
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Me recuerdo en la parte trasera del automóvil, mirando por la ventana de atrás y viendo como la casa se alejaba.

cuento casa coche

El frío de la calle insensibilizaba mis manos que apoyaba en el cristal y al mismo tiempo, mi corazón también empezó a contagiarse de esa insensibilidad.

La casa se veía ya muy pequeña y luego una curva en el camino la hizo desaparecer para siempre. A pesar de eso, aún estuve mucho tiempo mirando hacia atrás por la ventana, hacia mucho más atrás de la casa.

Siempre había sido igual. Era la quinta vez que hacíamos mudanza y aún no me había acostumbrado.






Debía ir al Teatro Reino para encontrarme con mi amigo Pedro, un actor que trabajaba en ese lugar.

cuento buscando a pedro en el teatro

Llegué demasiado pronto y el teatro parecía estar cerrado. Solamente un hombre que debía ser el portero, vigilaba la puerta.

-Buenos días -le dije sin que el hombre respondiera.

-Buenos días -insistí, pero el hombre no parecía escucharme.

Decidí entrar al teatro cuando me di cuenta de que el viejo no iba a intentar evitarlo.

Atravesé la puerta llegando a la parte trasera del escenario. Aunque parecía que tampoco iba a encontrar a nadie, solo tuve que asomar la cabeza a la parte frontal, para descubrir actores, bailarinas y músicos, preparando lo que parecía su próximo estreno. Cerca de donde me quedé parado, dos bailarines hacían flexiones con las piernas.

-Perdonad -dije- estoy buscando a Pedro, trabaja aquí.

-No lo conozco, un dos -me dijo uno de los bailarines sin dejar de hacer sus flexiones.

-Pero, un dos, podría ser que Charlie lo conociera, un dos. Es ese de ahí, un dos, el que lleva a la armadura, un dos.

-Gracias -le dije.

El tal Charlie intentaba meterse en una armadura medieval que aunque parecía pesada, brillaba demasiado para ser auténtica.

-Perdone -le dije- ¿es usted Charlie? -continué dudoso.

-¿Qué quiere? -preguntó de forma seca, más por su aparatosa faena que por carácter.

-Estoy buscando a un amigo...

-Oiga, no tengo tiempo para escucharle -me cortó mientras daba un paso y caía al suelo.

Seguí buscando. Una mujer sentada en una vieja silla me dio la sensación de que al menos no tendría excusa para no ayudarme en mi búsqueda.

-Perdone -le dije con cierto desespero -estoy buscando...

-Sí, sí, ya lo sé, no digas nada más, lo sé, lo sé -dijo la mujer dejándome con la frase a medio terminar.

-¿Puede ayudarme entonces? -le pregunté yo, dando por hecho que me habría escuchado hablar con los bailarines.

La mujer se levantó diciendo aquello de "lo sé lo sé", para terminar alejándose y gritando que ella lo sabía todo.

Después de eso, acepté que no iba a encontrar nunca a Pedro de esa manera.

Arrimándome a la pared para tranquilizarme, me di cuenta de que me estaba apoyando en unas cajas donde se podría leer claramente, "Teatro Real". Fue entonces cuando caí en la cuenta.

Recorrí el camino de vuelta por el teatro. Volví a escuchar a la mujer gritando que lo sabía todo, Charlie continuaba peleándose con su traviesa armadura y los dos bailarines repetían al compás sus "un dos, un dos". Y en la puerta, el portero no se enteraba de nada.


Cristina Sanjosé.










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